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Vamos a Emaús | Notas de predicación

Y he aquí, dos de ellos iban el mismo día a una aldea llamada Emaús, que estaba a sesenta estadios de Jerusalén.    14 E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido. 15 Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos. 16 Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen.    17 Y les dijo: ¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis, y por qué estáis tristes?    18 Respondiendo uno de ellos, que se llamaba Cleofas, le dijo: ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no has sabido las cosas que en ella han acontecido en estos días?    19 Entonces él les dijo: ¿Qué cosas? Y ellos le dijeron: De Jesús nazareno, que fue varón profeta, poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo;    20 y cómo le entregaron los principales sacerdotes y nuestros gobernantes a sentencia de muerte, y le crucificaron.    21 Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel; y ahora, además de todo esto, hoy es ya el tercer día que esto ha acontecido.    22 Aunque también nos han asombrado unas mujeres de entre nosotros, las que antes del día fueron al sepulcro;    23 y como no hallaron su cuerpo, vinieron diciendo que también habían visto visión de ángeles, quienes dijeron que él vive.  

  24 Y fueron algunos de los nuestros al sepulcro, y hallaron así como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron.    25 Entonces él les dijo: !Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!    26 ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?    27 Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían.    28 Llegaron a la aldea adónde iban, y él hizo como que iba más lejos.    29 Mas ellos le obligaron a quedarse, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado. Entró, pues, a quedarse con ellos.    30 Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio.    31 Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista.    32 Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?    33 Y levantándose en la misma hora, volvieron a Jerusalén, y hallaron a los once reunidos, y a los que estaban con ellos,    34 que decían: Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón.    35 Entonces ellos contaban las cosas que les habían acontecido en el camino, y cómo le habían reconocido al partir el pan.

 

La semana pasa terminamos con nuestra EBV, como algunos de ustedes saben que el tema general sobre el cual los niños aprendieron fue “Quien es Jesús”, y un pasaje que utilizamos para enseñar a los niños fue Lucas 24, la historia de los caminantes a Emaús.

Esta historia tiene mucho que decirnos y enseñarnos acerca de Jesús y acerca de nosotros mismos.

¿Alguna vez fuiste a algún lugar al que no tenias ganas o interés de ir, o al que tenias que ir por necesidad, pero que no te imaginabas que vivirías una experiencia que nunca olvidarías, una experiencia muy agradable?

Yo recuerdo hace algunos años que tenía que ir a un lugar a dar un estudio, la verdad es que no quería ir, estaba cansado, estaba un poco deprimido por algunas situaciones que estaba viviendo, estaba en mi casa sentado en la sala, con la Biblia en la mano, buscando con mi vista que podía compartir pero pensando en mi mente que podía hacer para no ir a ese lugar, sin embargo el Espíritu de Dios no me dejó y convenció a mi mente de que debía ir al estudio. Las bendiciones espirituales y materiales que Dios tenía preparadas para mí en ese lugar me asombraron de tal manera que varios años después aun lo puedo contar como una experiencia inolvidable.  En ese día pude comprobar la experiencia de Emaús,

Dos hombres que por alguna razón ya sea necesidad o gusto, tenían que ir a ese pueblo, pero nunca pensaron que recibirían una tremenda bendición en ese lugar, una experiencia que cambiaría sus vidas, sin embargo mientras iban por el camino, no les pasaba por la mente lo que sucedería, estaban absortos en la problemática de la vida diaria. Dice el V.14 E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido.

Su plática, su mente, estaba llena de las cosas que habían estado viviendo en esa semana, esto es algo que nosotros hacemos todos los días, platicamos, hablamos, pensamos sobre las cosas que están sucediendo, es nuestro tema diario, cada uno tiene algo en que ocupar su mente, cada uno de nosotros tiene suficientes problemas en los cuales ocupar la mente. Situaciones de trabajo, familiares, o de salud, y eso es algo muy natural, muy lógico y normal.

Y por las palabras que siguen la plática no era algo para pasar el rato sino que en realidad ocupaba gran parte de su concentración. mientras hablaban y discutían entre sí. Esta frase no quiere decir precisamente que peleaban verbalmente, sino hace énfasis en que la plática les apasionaba, les llenaba la mente y los sentimientos, toda su conciencia estaba depositada en esta situación y se dieron cuenta de algo importante, la presencia de Jesús.

V. 15 Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos. 16 Mas los ojos de ellos estaban velados, Estaban totalmente inmersos en su problemática que dejaron pasar lo más importante.

Cuantas veces en nuestra vida nos hemos perdido de ver que Jesús esta junto a nosotros porque estamos demasiado preocupados por nuestra situación, demasiado deprimidos, demasiado enojados, tristes o aun alegres, estamos muy inmersos en nuestra vida y no vemos que el dador de la vida, el que puede solucionar nuestra situación está con nosotros.

Todavía nos pasa que decimos “pero es que oro todos los días, platico con Dios” le digo lo que siento, y creemos que eso significa darle el lugar a Jesús, pero en la gran mayoría de las situaciones en las que sufrimos stress, en las que nos vemos inmersos hasta la conciencia, lo que hacemos es decirle a Jesús lo que queremos que haga, no pedirle que haga su voluntad, sino decirle lo que haga.

Como le diría Cleofas V.18 ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no has sabido las cosas que en ella han acontecido en estos días?  Aunque lo que leemos es una pregunta que le hace este hombre, la actitud es sarcástica y refleja que hoy en día nosotros hacemos al decirle imaginariamente “Jesús tú no sabes exactamente lo que me pasa”

Así que necesitamos que haga esto y esto y aquello, eso es lo que dice Cleofas cuando dice V. 22 Nosotros esperábamos… Eso es lo que nosotros pensamos, que él debería de hacer lo que nosotros pensamos que debería hacer, estamos convencidos que tenemos la razón en lo que creemos que es lo que Jesús debería hacer y esa es la actitud que tenemos y que interpretamos como que  “le estamos dando lugar a Jesús en nuestra vida”.

En realidad, darle lugar a Jesús, es darle autoridad sobre nuestra vida, es obedecerle, es confiar en él, no decirle lo que queremos que haga, sino aceptar lo que él está haciendo en nuestra vida.

¿Qué está haciendo Jesús en tu vida hoy en día? Tal vez es algo duro, tal vez es algo incomprensible, difícil de entender u de vivir, pero debes confiar que él es quien lo está haciendo porque él está a tu lado, Jesús dijo yo estaré contigo todos los días hasta el fin del mundo.

A veces no le creemos a Jesús, cuando nos habla por medio de otros, de ciertas situaciones, de su misma palabra, de sueños o visiones, somos muy incrédulos, a Cleofas y su amigo les pasó y lo reflejaron cuando le contaban a Jesús en el V.22 Aunque también nos han asombrado unas mujeres de entre nosotros. Las palabras no denotan convicción sino más bien incredulidad, no estaban convencidos de lo que otros decían que había sucedido, así nos pasa a nosotros.

Sí he escuchado al Pastor, al hermano que nos da el estudio, a papá o a mamá, pero todavía no estoy seguro, se que la Biblia dice, pero todavía no puedo, necesito un poco más de tiempo, necesito alguna señal más clara, necesito asegurarme, y muchas cosas parecidas.

La respuesta que Jesús le dio a Cleofas y a su amigo sería la misma que nos daría hoy en día a nosotros V.25 insensatos, y tardos de corazón para creer. Lo mismo que Jesús les decía a sus discípulos, hombres de poca fe, incrédulos, es decir dignos de condenación por no tener fe.

El mayor problema que tenemos en nuestra vida es la poca fe, el no creerle a Dios y claro que es algo difícil cuando no tenemos comunión con él, cuando no dedicamos tiempo a leer, estudiar y meditar en su palabra, cuando no oramos u oramos muy poco y convenencieramente, cuando no desarrollamos nuestros dones, cuando no servimos a Dios sirviendo a su pueblo.

Queremos vivir nuestras vidas como nosotros queremos hacerlo y cuando se aprieta la cosa y necesitamos que Dios haga algo milagroso, algo sobrenatural o por lo menos poco común, no vemos que lo haga, o no entendemos porque hace lo que hace o porque no lo hace, ¡claro! no conocemos las formas en las que Dios habla, apenas tenemos comunión con él.

Lo que Jesús les dice a estos hombres y la forma en la que se los dice nos muestra algo básico e importante para nosotros. V.26 ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? 27 Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían.

Es decir ustedes ya sabían o ya deberían de saber que esto iba a pasar, no es algo nuevo se ha anunciado desde los tiempos de Moisés y a través de todos los profetas.

Para nosotros esto es algo como: lo que pasa en tu vida es resultado de tu relación con Dios y no es algo que nos deba sorprender, a lo largo de toda la escritura tenemos ejemplos, advertencias, consejos y exhortaciones, en varias ocasiones lo hemos mencionado; quieres saber qué es lo que viene en tu vida, solo voltea a ver qué es lo que ha pasado en tu relación con Dios, en tu obediencia a él, en tu fe reflejada en tus acciones y así sabrás lo que viene adelante.

Aunque claro que es algo complejo, nuestras vidas son a veces demasiado complejas y dependiendo de lo que has vivido hasta hoy en tu relación con Dios ó de cómo has vivido esa relación con Dios hasta el día de hoy, es como será de claro el futuro.

Pero déjame decirte algo que debes tener muy presente, Jesús siempre está presente para ayudarnos, Jesús siempre está presente para mostrarnos lo que debemos hacer, siempre está presente para guiar nuestra vida, el camina a nuestro lado.

Sin embargo es muy interesante que aunque Jesús iba a su lado ellos no lo reconocieron y como hemos dicho así nos pasa a nosotros, pero llegó el momento en que Jesús se reveló, los hombres que iban con Jesús no lo reconocieron por la forma en la dijo las cosas, como ya había sucedido en alguna otra ocasión, no lo reconocieron por las heridas, no las alcanzaron a ver, sino que lo reconocieron por la forma en la que les compartió el pan, algo que ya había hecho.

V.30 Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio. 31 Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron;

Para estos hombres el partir el pan era algo cotidiano era de todos los días, y el partimiento del pan en la pascua también era algo conocido por estos hombres, muy seguramente en los tres años de ministerio de Jesús ya había tenido algún tiempo de partir el pan en la pascua con él, pero a pesar de ser algo cotidiano, cuando Jesús lo hizo marcó una diferencia y dice la palabra que su ojos fueron abiertos para ver al Salvador, al resucitado.

Cada vez que celebramos la comunión decimos que este sacramento nos tiene dos objetivos claramente marcados en la escritura por el Apóstol Pablo, primero es para recordar lo que Jesús hizo por nosotros y segundo para anunciar a otros lo que Jesús hizo por nosotros, pero también a la luz de este pasaje la comunión nos ayuda para ver a Jesús, para identificar a Jesús en nuestras vidas.

Jesús nos dijo que hiciéramos esto constantemente, porque él sabía que a través de este sacramento podíamos mantener nuestra mirada en él, podíamos mantener la venda quitada de nuestros ojos para poder ver lo que él está haciendo en nuestras vidas, claro que esto no es como una visión, sino esto es el fortalecimiento de la fe, la madurez de la fe.

Así que en días como el de hoy en que celebramos la comunión, son días que debemos valorar como más especiales que otros porque de una manera muy peculiar Jesús se revela.

Hoy quiero invitarte a que participemos de este sacramento con una actitud diferente, una actitud de fe, a través de este sacramento Jesús quiere decirte, Aquí estoy, no te he dejado, yo voy contigo.

No sé cuál es tu situación, no sé porque estés pasando en estos días, pero si se que Jesús esta caminando contigo.

Tal vez te preguntes como voy a saber si en realidad lo que voy a ser, lo estoy haciendo con fe y no me estoy engañando a mí mismo, bueno pues hay un resultado, cuando tenemos un encuentro con Jesús, ahora para nosotros un encuentro espiritual, siempre hay un resultado y es que no puedes quedarte con eso, no puedes callarlo, es natural el contar como has conocido a Jesús.

V.35 Entonces ellos contaban las cosas que les habían acontecido en el camino, y cómo le habían reconocido al partir el pan.

Así que hoy te invito a vayamos a Emaús es mi ruego a Dios que este día sea un buen tiempo para encontrarnos con Jesús.

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